La marcha se establece entre los 10 y los 18 meses de vida. Durante los primeros meses el bebé va ganando fuerza y equilibrio en las piernas para conseguir empezar a desplazarse, primero reptando y gateando para después conseguir ponerse de pie y empezar a caminar.

Es importante que los bebés pasen por las diferentes etapas del desarrollo del desplazamiento. Podemos ayudarles poniendo a los bebés boca abajo, apoyados sobre las manos y la tripa al principio, para que puedan llegar a gatear y adquirir el patrón cruzado que también tendrán cuando caminen. Muchos bebés no gatean nunca y directamente se ponen de pie y caminan. Esto no es algo malo, pero debemos intentar estimular la musculatura del bebé poniéndole en distintas posiciones cuando esté aprendiendo a desplazarse.

Los primeros pasos los suelen dar de forma lateral con apoyo, después caminan hacia delante y más tarde se lanzan sin necesidad de sujetarse a nada. La pisada no se establece hasta los 3 años, cuando termina de formarse el arco plantar. Puede parecer que al principio el bebé mete los pies o las rodillas hacia dentro, pero es algo fisiológico que va cambiando durante los primeros años.

Estas son las alteraciones más comunes con las que nos encontramos durante los primeros pasos:

Caminar de puntillas: Cuando los bebés empiezan a caminar pueden hacerlo apoyando sólo las puntas de los pies, pero poco a poco la elasticidad del tendón de Aquiles y de la musculatura de los gemelos aumenta, para que el niño pueda apoyar toda la planta del pie. Si esta forma de caminar se mantiene, conviene valorarlo para conocer el origen (principalmente traumatológico o neurológico) y descargar, si procede, la musculatura que pueda tener tensión para mejorar la pisada lo antes posible.

Pie zambo o pie equino varo. El pie se encuentra metido hacia dentro y las plantas enfrentadas la una a la otra si se da en los dos pies. La musculatura exterior de la pierna se encuentra distendida, así como los ligamentos externos del tobillo. El tratamiento de fisioterapia es principalmente beneficioso cuando es un pie zambo reductible, con movilizaciones, estiramientos y ejercicios de fuerza. En el caso de ser irreductible se debe valorar el tratamiento después de la intervención quirúrgica.

Diferencias entre las dos piernas: en algunos casos se puede observar que tanto a nivel del pie o de la rodilla el niño tiene una marcha o un apoyo de las piernas asimétrico. En ocasiones conviene valorarlo con radiografía para descartar que haya una pierna más corta que otra. En el caso de ser de origen posicional necesitaremos hacer ejercicios y un tratamiento con terapia manual.

Mara Esteban Lavín

Fisioterapeuta

Nº.col.7323